Situadas en pleno bosque, llenas de luz y en total equilibrio con la naturaleza, son abrigadas por robles y orquestadas por el sonido de las aguas del río Argañoso.
Se encuentran en uno de los valles más bellos y escondidos de la Maragatería, donde experimentar un contacto con la naturaleza y la vida salvaje, es algo oculto y fuera de lo común. Todo amante de la naturaleza debería visitar este enclave para comprender y reconocer mejor lo que le rodea. Y es que la primavera, es una estación donde los árboles y animales salen de su largo letargo y la floración está presente en cada mirada.
Aquí las palabras sobran, lo único importante es tu experiencia en silencio, el canto de los pájaros y el arroyo que fluye serpenteando los meandros entre árboles caídos. Es un valle pequeño de robledales y praderas, frágil en su ecosistema. La belleza de este lugar reside precisamente en su fragilidad. Pensar que todavía es posible encontrar un entorno como este, sin el deterioro que produce el efecto humano sobre la naturaleza, es un regalo impagable.
Compaginar las cuatro estaciones del año en este valle, es algo excepcional y único, ya que el otoño simboliza el desapego y la depuración; el invierno, la quietud y la introspección; la primavera, el renacer, y el verano, la luz.
Así en lo alto del pueblo y rodeadas por robles, nuestras instalaciones dan cobijo en las nevadas de invierno y sombra en los calurosos veranos, protegiendo así a nuestros mastines, y desde donde se puede visualizar Argañoso con sus montes y escuchar el transcurrir de las aguas del río.
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